Sequoia rompe un tabú del capital riesgo y se suma a la ronda millonaria de Anthropic

Roelof Botha | Sequoia Capital

Sequoia Capital está a punto de protagonizar uno de los movimientos más comentados del capital riesgo reciente. Según ha adelantado el Financial Times, la firma participará en la próxima gran ronda de financiación de Anthropic, la compañía detrás del modelo de lenguaje Claude, en una operación que rompe una de las reglas no escritas más antiguas de Silicon Valley.

El motivo del revuelo es claro. Sequoia ya es inversora de OpenAI y de xAI, dos competidores directos de Anthropic en la carrera por dominar la inteligencia artificial generativa. Durante décadas, los grandes fondos han evitado conscientemente este tipo de solapamientos para no enfrentarse a conflictos de interés ni tensiones con los fundadores. La entrada en Anthropic supone, por tanto, un cambio de criterio explícito.

La ronda en preparación es de una magnitud poco habitual incluso para los estándares actuales del sector. De acuerdo con el Financial Times, está liderada por el fondo soberano de Singapur GIC y por Coatue, con compromisos de 1.500 millones de dólares cada uno. Anthropic aspira a captar 25.000 millones de dólares o más, lo que elevaría su valoración hasta unos 350.000 millones, más del doble de los aproximadamente 170.000 millones que se le atribuían hace apenas cuatro meses.

Un contexto especialmente sensible

La decisión de Sequoia adquiere un peso adicional por el momento en el que se produce. En 2024, Sam Altman reconoció bajo juramento, durante el litigio entre OpenAI y Elon Musk, que los inversores con acceso continuado a información confidencial podían perder ese privilegio si realizaban inversiones no pasivas en competidores. Altman calificó estas limitaciones como práctica estándar de la industria para proteger secretos estratégicos.

En ese marco, la entrada de Sequoia en el capital de Anthropic no es un gesto menor. Implica asumir que el modelo tradicional de “un fondo, un campeón” empieza a resultar insuficiente en un sector donde el tamaño de las apuestas y la velocidad del mercado obligan a diversificar incluso entre rivales.

Una ronda que redefine el tablero

Además de GIC y Coatue, la operación contará con el respaldo de grandes actores industriales. Microsoft y Nvidia habrían comprometido hasta 15.000 millones de dólares en conjunto, mientras que el resto del capital procederá de firmas de capital riesgo y otros inversores institucionales. Informaciones previas de The Wall Street Journal y Bloomberg situaban la ronda en torno a los 10.000 millones, una cifra que ha quedado rápidamente desfasada.

La magnitud del movimiento refleja una realidad incómoda para muchos fondos: quedarse fuera de los grandes modelos fundacionales puede significar quedarse fuera del mercado durante una década. En ese contexto, asumir solapamientos pasa de ser un riesgo reputacional a un riesgo estratégico.

La relación personal importa

En el caso de Sequoia, el componente humano no es menor. La firma mantiene una relación de largo recorrido con Sam Altman. Le apoyó cuando dejó Stanford para fundar Loopt y, años más tarde, Altman actuó como scout para Sequoia, acercándole compañías como Stripe. En los últimos años, altos ejecutivos del fondo han mantenido un contacto estrecho con el fundador de OpenAI.

Ese historial hace que la entrada en Anthropic resulte aún más delicada. No es solo una inversión financiera. Es una señal de que incluso las relaciones más consolidadas empiezan a convivir con una lógica de mercado mucho más agresiva.

No es la primera grieta, pero sí la más visible

Sequoia ya había generado debate al invertir en xAI, la startup de Elon Musk. En aquel caso, muchos interpretaron la decisión como una extensión natural de su histórica relación con el empresario, más que como una apuesta directa contra OpenAI. La firma ha acompañado a Musk en proyectos como SpaceX, Neuralink o X.com.

Sin embargo, Anthropic no encaja en esa narrativa personalista. Se trata de un competidor puro, con una estrategia clara en seguridad, alineamiento y grandes clientes corporativos. Aquí no hay ambigüedad.

El contraste con precedentes internos es evidente. En 2020, Sequoia abandonó su participación en la fintech Finix al considerar que competía con Stripe. Devolvió derechos de información y su asiento en el consejo, pese a haber liderado una ronda meses antes. Aquella salida se convirtió en un ejemplo clásico de cómo gestionar conflictos de interés. La decisión actual apunta en la dirección opuesta.

Un síntoma de un mercado distinto

La posible entrada en Anthropic coincide con cambios internos en Sequoia tras la reorganización de su liderazgo global el pasado otoño. También llega cuando la propia Anthropic prepara una eventual salida a bolsa, que distintas fuentes sitúan ya en el horizonte de este mismo año.

Más allá del caso concreto, el movimiento deja una conclusión clara. La inteligencia artificial está forzando a reescribir las normas del capital riesgo. Cuando las rondas se miden en decenas de miles de millones y los ganadores aún no están claros, la neutralidad deja de ser una opción cómoda.

Sequoia, que durante décadas marcó el manual no escrito de Silicon Valley, parece dispuesta ahora a reinterpretarlo. Y cuando lo hace el fondo que enseñó a toda una industria cómo invertir, el cambio ya no es anecdótico. Es estructural.

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