El Gobierno ha propuesto elevar el Salario Mínimo Interprofesional un 3,1% en 2026, hasta los 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas, lo que equivale a 17.094 euros al año. La iniciativa parte del Ministerio de Trabajo y cuenta con el respaldo de Hacienda para que quienes cobren este salario queden exentos de tributar por IRPF.
La cifra, por sí sola, no sorprende. Lo relevante es su peso dentro de las empresas pequeñas. Con esta subida, el SMI alcanzará niveles inéditos frente al salario medio en pymes, especialmente en las de menor tamaño. Según los datos oficiales, representará el 72,6% del salario medio en empresas de menos de diez trabajadores y el 71,4% en las de hasta 50 empleados. El umbral del 60%, fijado como objetivo en 2019, queda ampliamente atrás.
Esta evolución cambia las reglas del juego. En una microempresa de servicios con salarios ajustados, el margen entre el sueldo mínimo y el salario medio interno se estrecha hasta casi desaparecer. ¿Qué incentivo queda entonces para asumir más responsabilidad o antigüedad?
La propuesta se apoya en el informe del comité de expertos presentado en diciembre. El documento planteaba dos escenarios claros:
- Subida del 3,1% sin IRPF.
- Subida del 4,7% con tributación.
Trabajo ha optado por la opción más contenida tras la última reunión con sindicatos y patronales. El criterio político ha sido evidente: evitar que el alza se diluya por impuestos, aunque eso implique seguir tensando la estructura salarial de las pymes.
Incluso en este escenario moderado, el resultado es contundente. En las microempresas, el SMI se sitúa por encima del 70% del salario medio, una frontera que hasta hace pocos años parecía lejana. Antes de 2018, el salario mínimo estaba muy por debajo de ese nivel, lo que permitía mayor escalonamiento interno.
Desde el ámbito empresarial, la reacción vuelve a ser de alerta. Cepyme insiste en que el incremento sostenido de los costes laborales supone una presión directa sobre la viabilidad de miles de pequeñas empresas. No se trata solo del salario base, sino del efecto arrastre sobre cotizaciones, complementos y revisiones internas.
El impacto, además, no es homogéneo. En las empresas medianas, el SMI representará el 58,1% del salario medio, todavía dentro del objetivo oficial. El problema se concentra en la base del tejido productivo. El umbral del 70% ya se superó en 2025, tras una subida del 4,4% que llevó el SMI a 1.134 euros y al 73,1% del salario medio en microempresas.
Las posiciones durante la negociación han sido previsibles y distantes.
- Los sindicatos defendieron una subida del 7,5%, hasta 1.273 euros con IRPF, o del 2,7% sin tributación.
- La CEOE propuso un incremento del 1,5%, hasta 1.151 euros.
La propuesta final del Gobierno se sitúa entre ambas, aunque claramente más cerca del mínimo recomendado por los expertos que de las demandas sindicales.
El debate no acaba en la cifra. La negociación del SMI ha reactivado la discusión sobre la absorción de complementos salariales. Trabajo quiere limitar esta práctica mediante un real decreto. La patronal rechaza ese enfoque y reclama una vía legislativa, advirtiendo de que el cambio podría obligar a subidas salariales automáticas en sectores con convenios ajustados.
En cuanto a la exención del IRPF, el mecanismo volverá a ser una deducción específica, similar a la aplicada en 2025. El secretario de Estado de Trabajo ha confirmado el respaldo de Hacienda, aunque todavía no se ha detallado el diseño técnico final.
El contexto histórico explica la magnitud del debate. Desde 2018, el SMI ha vivido los mayores incrementos de su historia reciente. El salto más brusco fue en 2019, con un 22,3% de aumento. Desde entonces, las subidas han sido más graduales, pero constantes. El salario mínimo ha pasado de 645 euros en 2014 a los 1.221 euros previstos para 2026, mientras los costes laborales crecen por encima del 3% anual desde 2021, según Cepyme.
El foco ya no está solo en cuánto sube el SMI, sino en qué espacio deja para construir salarios dentro de las pymes. Y esa es la discusión que, tarde o temprano, habrá que abordar sin consignas.
