China ha decidido elevar el tono en el pulso global por TikTok. El Gobierno chino ha reclamado que cualquier solución sobre el traspaso de las operaciones de la plataforma en Estados Unidos sea legal, equilibrada y respetuosa con las leyes chinas, una advertencia directa a las empresas y autoridades implicadas en una de las negociaciones tecnológicas más sensibles del momento.
La posición oficial fue expresada este jueves por un portavoz del Ministerio de Comercio de China, al ser preguntado por el acuerdo alcanzado para reorganizar el negocio de TikTok en territorio estadounidense. Pekín evita entrar en el detalle técnico del pacto, pero deja claro el marco: no habrá luz verde si se vulnera la normativa china ni si se ignoran los intereses de la parte propietaria.
El mensaje llega pocos días después de que ByteDance, matriz china de TikTok, firmara acuerdos vinculantes para ceder el control operativo en Estados Unidos a un consorcio de inversores locales, entre los que figura Oracle. El movimiento pretende evitar una prohibición de la aplicación en EE. UU., una amenaza que ha planeado durante años sobre la compañía por razones de seguridad nacional y control de datos.
Desde Pekín, el portavoz He Yongqian subrayó que China espera que la parte estadounidense “trabaje en la misma dirección”, cumpla los compromisos adquiridos y garantice un entorno empresarial justo, abierto, transparente y no discriminatorio. No es una formulación inocente. En el lenguaje diplomático chino, esa exigencia apunta a la preocupación de que la operación derive en una expropiación encubierta de tecnología o en un precedente que afecte a otras empresas chinas con presencia internacional.
El núcleo del conflicto va más allá de TikTok. China mantiene desde 2020 controles estrictos sobre la exportación de tecnologías sensibles, incluidos los algoritmos de recomendación, una pieza clave del éxito de la plataforma. Cualquier traspaso que implique acceso, cesión o modificación de ese algoritmo requiere autorización expresa de las autoridades chinas. En términos prácticos, Pekín recuerda que no basta con un acuerdo comercial en Estados Unidos si el activo estratégico sigue estando protegido por la ley china.
Para Washington, el acuerdo representa una salida pragmática a un problema político enquistado. Permite mantener la aplicación operativa, reducir la exposición a riesgos percibidos y evitar un choque frontal con millones de usuarios. Para Pekín, en cambio, el caso se ha convertido en un test de soberanía tecnológica. Aceptar un traspaso impuesto podría sentar un precedente incómodo en un momento de creciente rivalidad con Estados Unidos en semiconductores, inteligencia artificial y plataformas digitales.
El tono medido de la reacción china no debe confundirse con debilidad. Pekín evita la confrontación directa, pero marca límites claros. El énfasis en soluciones “legales y equilibradas” apunta a tres condiciones implícitas: respeto al marco regulatorio chino, ausencia de coerción política y preservación del valor tecnológico creado por ByteDance. Un ejemplo concreto ayuda a entenderlo: si el acuerdo exigiera replicar o transferir el algoritmo de recomendación a una entidad estadounidense sin control chino, la operación chocaría de lleno con la normativa de exportación.
La falta de detalles oficiales alimenta la incertidumbre. Ni ByteDance ni los inversores han aclarado cómo se resolverán cuestiones clave como la gobernanza del algoritmo, el acceso a datos o la estructura accionarial final. Esa ambigüedad mantiene la puerta abierta a ajustes, revisiones regulatorias o incluso a una renegociación parcial si Pekín considera que el pacto cruza sus líneas rojas.
Más allá del caso concreto, el episodio refleja la fragilidad del mercado tecnológico global en un entorno de bloques. Las empresas ya no negocian solo con clientes e inversores, sino también con gobiernos que ven la tecnología como un activo estratégico. TikTok se ha convertido en el símbolo más visible de esa tensión, atrapado entre dos potencias que compiten por definir las reglas del juego digital.
La advertencia china, por tanto, no es solo un comentario diplomático. Es un recordatorio de que la globalización tecnológica tiene límites políticos. ¿Puede una plataforma global sobrevivir cuando sus activos clave están sujetos a soberanías enfrentadas? La respuesta, en el caso de TikTok, dependerá de si el acuerdo final logra algo difícil: satisfacer a Washington sin provocar un veto de Pekín.
