Nauta ha anunciado el primer cierre de su sexto fondo, Nauta Tech Invest VI, con 60 millones de euros comprometidos para invertir en compañías europeas de software B2B y tecnología profunda desde pre-seed hasta Serie A. La gestora, con presencia en Barcelona y Londres, prevé elevar el tamaño del vehículo a entre 150 y 200 millones de euros durante el segundo semestre de 2027. El British Business Bank actúa como inversor ancla y en el cierre inicial participan también SETT, Merifin Capital, el Institut Català de Finances y varios inversores institucionales y familiares.
El anuncio llega en un momento en que el capital para etapas tempranas sigue siendo selectivo. Las empresas con ingresos, eficiencia y una propuesta clara para clientes corporativos suelen atraer más atención que los proyectos que solo prometen crecer rápido. Nauta se ha especializado precisamente en software que transforma sectores como finanzas, recursos humanos, retail, viajes e infraestructura, además de mantener una línea para tecnologías con una barrera científica o industrial más elevada.
El primer cierre no representa el tamaño final del fondo, pero permite a Nauta empezar a desplegar capital mientras busca completar una captación mucho mayor. Para los fundadores, esa diferencia importa: un gestor que ya cuenta con recursos comprometidos puede evaluar oportunidades y acompañar rondas con más continuidad que uno que todavía depende de cerrar su vehículo. La firma ha indicado que alrededor de tres cuartas partes de los inversores presentes ya habían participado en fondos anteriores.
La repetición de inversores suele interpretarse como una señal de confianza, aunque no garantiza el resultado de las nuevas inversiones. En capital riesgo, los retornos se distribuyen a lo largo de varios años y dependen tanto de la selección de compañías como de la capacidad de ayudarles a contratar, vender y financiarse en fases posteriores. Un nuevo fondo es, en ese sentido, una herramienta para sostener una estrategia, no una garantía de éxito para sus participadas.
Nauta Labs, la iniciativa de la firma para fases pre-seed, concentrará parte de su atención en infraestructura de IA, ciberseguridad, automatización industrial, computación cuántica, salud digital y tecnologías energéticas. Son ámbitos donde el desarrollo inicial puede exigir más tiempo que una aplicación de software convencional, pero donde también puede existir una ventaja técnica difícil de replicar. La dificultad es combinar esa ambición con la disciplina financiera que demanda el actual mercado europeo.
El interés del fondo para el ecosistema español está en que añade capacidad de inversión local con vocación europea, especialmente en negocios B2B que necesitan vender fuera de su mercado de origen. Muchas startups españolas consiguen validar su producto en el país, pero encuentran más obstáculos al contratar equipos comerciales internacionales o al competir con proveedores establecidos. Un inversor con red en varias geografías puede aportar más que capital si facilita acceso a clientes, talento y coinversores.
La participación de SETT y del Institut Català de Finances conecta la operación con la agenda pública de transformación tecnológica. Ese respaldo puede movilizar recursos privados y aumentar la disponibilidad de financiación para empresas con componentes estratégicos. Al mismo tiempo, obliga a medir el impacto con criterio: número de inversiones, empleo generado o notoriedad no sustituyen la necesidad de crear compañías capaces de sostener ingresos y competir en mercados internacionales.
Para los equipos que busquen capital en 2027, la noticia deja varias pistas. Una empresa de software B2B tendrá que explicar con precisión qué problema operativo resuelve, quién firma la compra y cómo mantiene su coste de adquisición bajo control. En deep tech, además, será necesario justificar la ruta entre la validación tecnológica, la fabricación o regulación y la llegada a un cliente. La disponibilidad de fondos no reduce esas exigencias, pero amplía las opciones para proyectos bien preparados.
El nuevo vehículo refuerza una idea que gana peso en Europa: financiar tecnología propia exige capital paciente, pero también modelos comerciales capaces de sobrevivir fuera del laboratorio. La combinación de software B2B y deep tech permite a Nauta repartir riesgo entre negocios con ciclos distintos. Una herramienta empresarial puede escalar antes; una tecnología industrial puede tardar más, pero protegerse mejor frente a la copia.
Con este primer cierre, Nauta inicia la fase operativa de un fondo que aspira a situar sus activos bajo gestión cerca de 750 millones de euros. El objetivo final de 150 a 200 millones todavía deberá materializarse, y la calidad de las primeras inversiones será la mejor prueba de la estrategia. Para las startups españolas y europeas, la noticia supone una fuente adicional de capital especializado en una etapa en la que cada vez importa más demostrar eficiencia junto al potencial tecnológico.
