Con la inteligencia artificial cambia la lista de capacidades que escasean en las organizaciones. Robert Monturiol lee el desplazamiento desde la economía, con ejemplos de otras industrias y una trayectoria forjada en sistemas regulados, para identificar en qué decisiones de negocio ganarán peso las personas.
Un informe de mercado, una proyección financiera o una serie de escenarios estratégicos se obtienen hoy con una fracción del tiempo y de la inversión que requerían hace muy poco. Las herramientas de inteligencia artificial han convertido el análisis en un recurso abundante, al alcance de prácticamente cualquier compañía, al margen de su tamaño o su sector. Robert Monturiol se ocupa de lo que viene justo después, cuando producir ha dejado de ser el problema.
Su mirada se aparta de las capacidades futuras de la tecnología y se centra en el efecto económico que provoca. “Mientras todo el mundo mira lo que la IA podrá hacer, me interesa mirar qué hará la IA más valioso”, resume Robert Monturiol, que rehúye la etiqueta de experto en inteligencia artificial y ubica su terreno en lo que sucede con el valor cuando la producción intelectual se abarata.
Por qué Robert Monturiol recurre a la lógica de los bienes complementarios
El punto de partida es un principio clásico de la economía aplicada. Cuando una disrupción tecnológica abarata radicalmente un factor de producción, el valor de sus complementos se dispara en vez de hundirse.
La caída histórica del coste del cálculo computacional multiplicó la importancia del diseño de software, y el descenso del precio del almacenamiento produjo el mismo efecto en las arquitecturas de datos. Trasladada al momento actual, la dinámica llega a un insumo cognitivo central, porque los modelos han rebajado la predicción hasta hacerla mercancía corriente.
Con ello cae una conclusión habitual en la gestión empresarial, la que asocia la abundancia de proyecciones con una menor necesidad de juicio humano. Robert Monturiol defiende lo contrario. Predecir un escenario a partir de patrones pasados es una operación técnica, y elegir qué riesgo merece asumirse frente a lo previsto sigue siendo un acto de criterio que compete a las personas.
“Cuanto más barata se vuelve la predicción, más caro y determinante resulta el juicio”, sostiene. Los informes de la OCDE sobre productividad e inteligencia artificial, publicados de forma periódica, giran alrededor del mismo desplazamiento.

La fotografía profesional, un precedente de lo que trae la automatización
El patrón tiene precedentes reconocibles. Cuando el software de edición fotográfica se volvió universal y gratuito, el precio de la fotografía profesional se fracturó en dos. Se hundió la parte vinculada a la ejecución técnica y ganó peso la dirección, es decir, saber qué imagen hay que hacer.
Es un ejemplo que cita con frecuencia para ilustrar que la automatización rara vez elimina un mercado por completo, puesto que suele trasladar su parte más rentable de una destreza a otra.
Según su análisis, un proceso equivalente avanza simultáneamente en varias industrias donde la ejecución se automatiza. La pregunta clave para cualquier compañía que compita por talento o por clientes es qué deja de justificar un premium y qué empieza a justificarlo. Los activos aparentemente secundarios de hoy pueden ser el cuello de botella de mañana.
Infraestructuras complejas y gobernanza, el origen de su enfoque tras más de treinta años
La tesis se nutre de más de treinta años de trayectoria. Desde 1995, buena parte de su actividad ha consistido en construir infraestructuras y modelos operativos sometidos a entornos altamente regulados, una experiencia que explica su sensibilidad hacia los procesos de largo plazo y la arquitectura fiduciaria. También le ha enseñado cómo el arraigo institucional y la procedencia condicionan el valor de mercado de una propuesta.
Para los equipos directivos, la consecuencia práctica es concreta. A medida que producir alternativas se simplifica, la ventaja se inclina hacia quienes identifican cuál de ellas merece pasar a la ejecución. El criterio humano, afirma Robert Monturiol, se comporta como el complemento natural de una tecnología barata y ubicua, y por eso apunta a convertirse en el activo que más se revaloriza dentro de la empresa.
