Science Corporation ha implantado su chip visual PRIMA en el primer paciente con enfermedad de Stargardt, una patología hereditaria que destruye de forma progresiva la visión central. El anuncio lo realizó Max Hodak, consejero delegado de la compañía y ex cofundador de Neuralink, durante TechCrunch Disrupt 2026. La intervención forma parte de un ensayo en el Sydney Eye Hospital, en Australia.
El avance es relevante porque lleva una prótesis visual ya disponible en Europa para atrofia geográfica hacia una enfermedad hereditaria considerada incurable. Stargardt afecta a las células sensibles a la luz de la retina externa y deja un punto ciego central que se amplía con el tiempo. Según los datos citados por TechCrunch, unas 150.000 personas en el mundo han perdido visión por esta enfermedad.
PRIMA funciona como una especie de sustituto artificial de los fotorreceptores dañados. El paciente recibe un pequeño implante de dos por dos milímetros en la parte posterior del ojo y utiliza unas gafas con cámara que transmiten información visual al chip. La señal estimula la retina interna para enviar patrones al nervio óptico y, desde ahí, al cerebro.
Science asegura que el primer paciente con Stargardt recibió el implante en mayo. Durante la primera sesión de rehabilitación vio una letra y en la segunda pudo leer una palabra. Son resultados iniciales, limitados y todavía lejos de una recuperación plena, pero muestran que el sistema puede generar señales visuales útiles en una enfermedad donde las opciones terapéuticas son escasas.
La compañía no promete visión normal: el campo actual es pequeño, en blanco y negro y de alto contraste. Hodak lo comparó con mirar a través de una pajita. La ambición técnica está en ampliar el campo de visión, reducir el tamaño de los electrodos y acercarse con el tiempo a una resolución más natural. Ese proceso exigirá nuevos implantes, más ensayos y validación clínica rigurosa.
El caso ilustra una evolución interesante de las interfaces cerebro ordenador. En lugar de centrarse solo en controlar cursores o escribir con la mente, Science sitúa la retina como una puerta de entrada médica. Hodak defendió que implantes cocleares, prótesis retinales y prótesis motoras forman parte de una misma familia: sistemas que traducen señales entre biología y electrónica para recuperar funciones perdidas.
Para el sector deep tech, PRIMA también muestra una estrategia de negocio más gradual que la de algunos proyectos de neurotecnología. Science busca primero aplicaciones clínicas concretas, con pacientes identificables, procedimientos quirúrgicos definidos y una necesidad médica clara. Si logra resultados sostenidos, esa base puede financiar una plataforma más amplia de tecnologías neuronales.
El interés para Europa es doble: PRIMA ya tiene disponibilidad comercial en el continente para una indicación concreta y ahora se explora su uso en nuevas enfermedades visuales. Eso obliga a mirar de cerca cuestiones regulatorias, acceso sanitario, coste, rehabilitación y criterios de selección de pacientes. Un implante de este tipo no termina en el quirófano; requiere entrenamiento, seguimiento y expectativas bien gestionadas.
La promesa de Science es ambiciosa, pero la prudencia sigue siendo necesaria. Un primer paciente no define eficacia general, y los ensayos deberán demostrar seguridad, durabilidad y mejora funcional. Aun así, el paso confirma que la frontera entre neurotecnología y medicina visual avanza con casos cada vez más tangibles, menos futuristas y más próximos a decisiones clínicas reales.
