FuVeX escala sus drones de largo alcance para inspeccionar infraestructuras críticas

Imagen: Wikimedia Commons. Licencia: CC BY-SA 4.0.

FuVeX vuelve al foco del ecosistema deep tech español con una propuesta muy concreta: usar aeronaves no tripuladas de largo alcance para inspeccionar infraestructuras críticas sin depender de helicópteros o despliegues pesados sobre el terreno. La compañía, nacida del entorno de la UPNA y la UPM, asegura haber superado ya los 38.000 kilómetros inspeccionados y trabaja sobre todo con clientes de energía, infraestructuras y defensa.

La noticia no está en que use drones, sino en la capa industrial que ha construido alrededor de ellos. FuVeX diseña, fabrica y opera sus sistemas, y vende kilómetros inspeccionados bajo contratos recurrentes con grandes compañías energéticas. Ese modelo combina hardware, software, permisos de vuelo y operación, una mezcla difícil de replicar si una empresa solo aporta la aeronave.

El ángulo relevante para el mercado español es que FuVeX convierte una tecnología regulada y compleja en un servicio industrial medible por kilómetros, contratos y ahorro operativo.

La empresa fue fundada por Carlos Matilla, Carlos Castellano y Jesús Villadangos, perfiles que conectan negocio aeroespacial, invención tecnológica e inteligencia artificial aplicada a visión por computador. Su origen se remonta a 2013 como proyecto universitario y en 2015 dio el salto a compañía, con SODENA entre sus primeros socios. Once años después, esa trayectoria pesa en un sector donde las autorizaciones y la confianza del regulador importan tanto como la ficha técnica.

El caso de uso más evidente está en líneas eléctricas, puentes, corredores industriales o zonas donde un vuelo tripulado resulta caro, lento o directamente incómodo. Un sistema no tripulado capaz de operar más allá del alcance visual puede recoger imágenes y datos con una periodicidad mayor, y eso permite detectar defectos, vegetación invasiva, daños o riesgos de incendio antes de que el problema llegue al usuario final.

FuVeX también plantea su tecnología como una herramienta de autonomía tecnológica europea. En defensa y seguridad comercializa sistemas UAS propios, mientras que en el mercado civil mantiene un enfoque de servicio. Esta doble vía le permite aprender de operaciones recurrentes y, al mismo tiempo, preservar capacidad propia de fabricación y desarrollo.

La ventaja competitiva no es solo volar lejos, sino haber convertido años de regulación, pilotos y validaciones en una barrera de entrada.

La compañía llega a esta fase con más de 13 millones de euros captados desde su fundación, entre inversión privada y financiación pública competitiva de I+D. Según la información publicada por El Referente, el tramo privado suma 3,1 millones y la financiación pública se acerca a los 10 millones. Entre sus inversores figura Naturgy, que también aparece como cliente, un dato importante porque alinea capital y mercado.

En facturación, FuVeX cerró 2025 en torno a 1,3 millones de euros, alrededor de un 32% por encima de 2024. Para 2026 estima unos 2,1 millones, con crecimiento cercano al 57% y contratos que dan visibilidad hasta 2028. No son cifras de hipercrecimiento de software puro, pero sí encajan con una compañía industrial que debe fabricar, operar y certificar.

La startup prepara una ronda de crecimiento para financiar el plan 2026-2028, escalar capacidad operativa y abrir nuevos verticales. Además, será una de las finalistas de Al Andalus Innovation Venture, que se celebrará el 22 y 23 de septiembre en Sevilla, una cita donde buscará inversores deep tech, clientes y socios estratégicos.

Para el ecosistema español, FuVeX representa una categoría menos vistosa que la IA generativa, pero con impacto directo en productividad, seguridad energética y soberanía industrial.

La lectura empresarial es clara. La automatización de inspecciones críticas no sustituye una tarea de oficina, sino operaciones caras y con riesgo físico, como revisar kilómetros de infraestructura lineal. Si FuVeX logra escalar sin perder fiabilidad regulatoria, puede ocupar una posición interesante en un mercado europeo que necesita modernizar redes, reducir costes de mantenimiento y vigilar activos cada vez más expuestos a clima extremo.

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