Claret Capital Partners ha cerrado su cuarto fondo europeo de growth debt en 575 millones de euros, por encima del objetivo inicial de 500 millones. La firma londinense combina 440 millones en compromisos del fondo y 135 millones en mandatos discrecionales afiliados. El dato llega en un momento en el que muchas startups europeas buscan capital sin aceptar valoraciones presionadas.
La deuda de crecimiento vuelve a ganar protagonismo cuando el mercado de equity se vuelve más selectivo. Para compañías con ingresos, clientes y cierta previsibilidad, pedir deuda puede financiar ventas, producto o expansión sin diluir tanto a fundadores e inversores previos. El cierre de Claret confirma que Europa está ampliando su caja de herramientas financiera más allá de la ronda clásica de venture capital.
Según The Next Web, la firma ya ha desplegado alrededor del 32% del vehículo en 27 compañías. Entre los nombres citados aparecen Billie, PRODA, Surfe, Cinclus Pharma e Inventiva. La cartera muestra una tesis amplia: tecnología B2B, software, salud y negocios intensivos en crecimiento que necesitan capital paciente, pero no siempre una nueva ronda de acciones.
El fondo también incorpora un elemento relevante para el mercado europeo: participación de patrimonio privado mediante una estructura ELTIF. Ese vehículo regulado busca facilitar que más inversores entren en activos privados de largo plazo. En la práctica, abre una vía para que gestores de patrimonio asignen dinero a deuda de crecimiento tecnológica, un terreno antes más reservado a instituciones.
La noticia tiene lectura para España. Muchas startups locales han aprendido a sobrevivir con rondas más contenidas, ingresos tempranos y menos gasto comercial que sus pares estadounidenses. Para ese perfil, la deuda puede ser útil si hay métricas sólidas y margen para devolverla. También puede ser peligrosa si se usa para maquillar falta de demanda o retrasar una reestructuración inevitable.
La clave está en el encaje. Una empresa SaaS con contratos recurrentes y baja morosidad puede usar deuda para acelerar ventas o financiar capital circulante. Una deep tech sin ingresos estables probablemente necesite equity, subvenciones o acuerdos industriales. La financiación no es neutral: empuja decisiones de producto, ritmo de contratación y apetito por riesgo.
Claret se presenta como uno de los mayores gestores independientes europeos en growth debt. Esa independencia importa después de adquisiciones en el sector, como la compra de Kreos por BlackRock en 2023. El mercado se está concentrando y los fundadores se encuentran con prestamistas de tamaños, incentivos y criterios muy distintos.
El nuevo fondo llega con un mensaje claro para el ecosistema: habrá capital para compañías que puedan demostrar calidad de ingresos. No reemplaza al venture capital, pero sí compite con rondas puente caras o ampliaciones a la baja. Para inversores existentes, puede preservar participación; para fundadores, puede ganar tiempo sin entregar más propiedad.
La deuda tecnológica europea será más relevante si se usa como instrumento de crecimiento, no como anestesia para modelos débiles. Ahí estará la frontera entre una financiación eficiente y una carga que limite la flexibilidad futura de la empresa.
Para El Capital Digital, la noticia encaja dentro de economía digital y financiación startup. No tiene ángulo español directo, pero sí afecta a cualquier compañía europea que esté decidiendo cómo financiar los próximos 18 meses. En un ciclo de capital más caro, entender la deuda se vuelve parte del oficio del fundador.
