iPronics capta 125 millones para llevar fotónica valenciana a los centros de datos de IA

iPronics ha cerrado una ronda Serie B de 125 millones de dólares para escalar su tecnología de redes ópticas programables para centros de datos de inteligencia artificial. La compañía, nacida como spinout de la Universitat Politècnica de València, se coloca así entre las operaciones deep tech más relevantes del ecosistema español este año. En euros, la cifra ronda los 107 millones, aunque algunas publicaciones españolas la sitúan en 108 millones por el tipo de cambio utilizado.

La operación está coliderada por Maverick Silicon y Light Street Capital. También participan Nvidia, Criteria Venture Tech, Bosch Ventures, Triatomic Capital, Catalight Capital, el European Innovation Council Fund y otros inversores. La presencia de Nvidia tiene lectura industrial clara: el cuello de botella de la IA ya no está solo en los chips, también está en cómo se conectan miles de aceleradores dentro de una misma infraestructura.

La ronda convierte a iPronics en una de las compañías españolas mejor situadas en la carrera por hacer más eficientes los centros de datos de IA. Su producto, iPronics ONE, utiliza conmutación óptica para reconfigurar conexiones entre equipos de computación con mucha rapidez. En un clúster de IA, esa capacidad puede ayudar a reducir congestión, mejorar el uso de GPUs y limitar parte del consumo asociado al movimiento de datos.

La empresa afirma que usará el capital para ampliar operaciones, acelerar el despliegue comercial y reforzar su presencia en Estados Unidos, incluido el equipo en Santa Clara. Ese movimiento tiene sentido. Los clientes, integradores y socios de infraestructura que están comprando capacidad para IA se concentran en buena medida alrededor de Silicon Valley, los grandes proveedores cloud y los fabricantes de hardware.

El problema que intenta resolver iPronics es cada vez más visible. Los modelos de IA requieren clústeres con cientos o miles de chips que deben comunicarse con baja latencia y gran ancho de banda. Si la red se convierte en cuello de botella, parte de la inversión en GPUs queda infrautilizada. En ese contexto, la fotónica deja de ser una tecnología de laboratorio y pasa a ser una pieza de eficiencia económica.

Para España, la operación importa porque une investigación universitaria, capital internacional y una necesidad real de la industria tecnológica global. No es habitual que una spinout española consiga una ronda de este tamaño en hardware avanzado. Tampoco es frecuente que compita en una capa tan crítica de la infraestructura de IA, donde los ciclos de venta son largos y la exigencia técnica es alta.

La compañía ya venía de levantar una Serie A de 20 millones de euros en 2025 para acelerar el despliegue de su motor de redes ópticas. Con la nueva ronda, la financiación total comunicada se acerca a 177 millones de dólares. Esa continuidad ayuda a sostener el salto desde producto validado hacia comercialización a escala, una fase en la que muchas deep tech europeas se quedan cortas de capital.

El mercado, aun así, será exigente. Los centros de datos de IA están comprando capacidad a gran velocidad, pero también evalúan cada proveedor por fiabilidad, integración, soporte y compatibilidad con arquitecturas existentes. Una mejora técnica debe traducirse en menos coste por entrenamiento, menos consumo o mayor disponibilidad. Si no ocurre, el presupuesto se irá a alternativas más conocidas.

La gran prueba de iPronics será demostrar que su fotónica no solo funciona en condiciones controladas, sino dentro de centros de datos donde cada minuto de parada cuesta dinero. Si supera esa barrera, la compañía valenciana puede convertirse en proveedor estratégico de una infraestructura que marcará la economía digital de los próximos años.

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